Qué fácil es
aferrarse a algo que creemos posible,
algo que
parece tan cercano y lejano a la vez.
Nos
aferramos a la idea de la posibilidad,
ya que el
arrepentimiento de no haberlo intentado sería enorme.
Mas en esa
fantasía de la pequeña oportunidad,
perdemos la
noción de lo que tenemos
eso que está
prácticamente servido a nuestros pies,
aquello que
es mil veces mejor,
más puro.
Aferrarse es
fácil, sí,
y dejarlo
ir,
cuando uno
se da cuenta que no va para más,
que no tiene
pies ni cabeza,
es muchísimo
más fácil.
El alma se
da cuenta,
la cabeza se
da cuenta,
el cuerpo se
da cuenta,
y uno decide,
y
enhorabuena decide lo mejor.
Si tiene
suerte.
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