Por ahí pienso demasiado en lo negativo que me pasó, me pasa o me puede llegar a pasar.
O analizo una situación a más no poder, siempre con más contras que pros. Tal vez es porque mi mente se acostumbró a percibir lo peor para estar preparada cuando mi corazón se vuelva a romper en millones de pedacitos. Y cada vez que eso pasa, recién me estaba levantado del golpe anterior, jode caerse, romperse, juntar las piezas, volver a poner las partes en su lugar y que la historia se repita.
Ya no quiero que me duela existir.
Me cansé de las críticas a mi alrededor, mas nada me queda, tengo que elegir mi camino y tirar para adelante.
No quiero pedir más perdón por cosas que no hice, no quiero sentirme como si no fuese suficiente, como si fuese un error o algo desechable.
Hoy me paro, miro lo que me rodea y no dejo de pensar que ésta ciudad me encierra, me atrapa y necesito libertad, cambiar el aire, no para buscar la felicidad, ya que eso se encuentra en la adversidad y en las pequeñas cosas, sino para buscar nuevos intereses, nuevas rutas y aventuras, para poder crecer y madurar un poco más.
Para encontrarme, porque sinceramente siento que me perdí hace años, cuando cambié sonrisas verdaderas por sonrisas que tapaban el dolor.
Comentarios
Publicar un comentario