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Dolor oculto.

Hoy me llegó el informe con toda la información correspondiente de la investigación, era un caso de los que son muy comunes hoy en día, violencia de género. No es que estuviera de moda denunciar a la pareja, sino que las mujeres ya no tienen tanto miedo como antes, y poco a poco, comienzan a creer en la justicia.
Mientras lo leía, tomaba café, estaba cansada pero necesitaba tener respuestas de esto. La esposa fue en busca de refugio a la policía con la cara llena de golpes, el tabique quebrado y su cuerpo era violeta de tantas veces que la pateó. En seguida pidieron la orden de arresto para el esposo, quien por alguna razón, logró mandarle papeles con un mensaje oculto durante veinticinco días, los días que faltaban para el juicio.
Ella estaba aterrada, así estaba expresado en sus declaraciones, él decía que no había hecho nada, que ella era muy torpe y que se vivía cayendo.
Cuando la tuve cerca, vi el terror que escondían sus ojos, la forma en que lagrimeaba como si pidiera perdón todo el tiempo, sus manos no paraban de temblar y siempre mantenía la cabeza gacha. Reconocía esa expresión, la había visto tantas veces.

Cuando terminé de leer el informe, decidí maquillarme, hoy era un día clave, hoy me daban todos los fragmentos que el esposo le había mandado, y con éste,  descifrar el mensaje. Estaba nerviosa, el maquillaje no ayudaba a cubrir mis problemas, esos que pesan hace años y te hacen sentir vergüenza aunque no tengas la culpa.

Llegué a la oficina, recién comenzaba el día y ya me encontraba cansada, ¿por qué? No sé.
Pedí que me preparan café y me alcanzaran los fragmentos así podía reconstruir lo sucedido en estas últimas semanas.
Comencé a leerlo lentamente, juntando parte por parte como si armara un rompecabezas, las manos me temblaban y estaba muy nerviosa, no entendía qué me estaba pasando, yo no soy así, soy fuerte, siempre escondo todo.
Tardé casi dos horas en terminar de completar todo, debía parar a cada rato, debido a que sentía que el miedo me sofocaba, obligándome a tomar aire. Cuando finalicé, sentía que mi corazón iba a explotar de ansiedad, solo pude leer una línea, la última, la que decía ‘te voy a matar’.
En ese momento todos los recuerdos volvieron a mi mente, la víctima era yo. Fui yo quien denunció, quien fue a la jefatura, mas no lo recordaba debido a los golpes. Me pegó tan fuerte que perdí ese doloroso recuerdo. Mi esposo estaba preso, él me pegaba y por eso, debía maquillarme. Por eso tengo miedo cuando salgo a la calle, por eso mis ojos se llenan de lágrimas cada vez que alguien levanta su mano cerca de mí, aunque sea solo para saludarme. Por eso, vivo con miedo, con culpa, con vergüenza.
No sé cómo pasó, pero me encontraba de rodillas en el suelo de mi oficina llorando, me sentía vulnerable y mis piernas no respondían, nada de mi respondía. Lo único que podía sentir era dolor. En ese instante, entró una colega, quien me ayudó a recomponerme, explicándome, que debía recordar todo, por eso me dieron el caso, pero que mi esposo no iba a salir de la cárcel y que los papeles de divorcio estaban en trámite, como yo lo había pedido. Me decía que ya no tenía que tener miedo, que estaba protegida.

Y mientras mi llanto iba apagándose, por primera vez, después de años, sentía que ya no tenía que sentir vergüenza por mí, y que por fin era libre.

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