Duele todo lo que tiene el sabor amargo del pasado
que me atrapa,
una y otra vez.
En la lejanía del pensamiento me encuentro atrapada, sin saber qué hacer, a donde ir, en qué creer. Nada es seguro en este mundo minúsculo y absorbente que te quita la todo lo que sos para moldearte a su gusto, para destruirte, para transformarte en un conformista que nada lo conforma, irónico. Y el círculo vicioso en el que se cae, la amargura crece y el libre pensamiento se desvanece. Mas esto no debería ocurrir, pero parece que es más fácil caer continuamente en lo mismo que luchar por la liberación del alma, de la mente, del ser.
No hay nada que perder, todo está librado al azar como una caja de pandora momentos antes de abrirse con cientos de emociones reprimidas a punto de explotar, ansiedad, felicidad, miedo, tristeza, soledad. Ésto último hace que nos convirtamos en monstruos, nuestras propias pesadillas de las que no podemos salir por más que lo intentemos, una parálisis de sueño sin fin que día a día nos asusta más hasta terminar de consumirnos, destruirnos.
Y cuando me encuentro frente a todo eso, pienso que todo está completamente jodido, y conjuntamente, un poco perdido ya que la historia se repite y el espiral crece, nadie quiere cortarlo, todos tienen miedo.
Es como si la amargura se volviera costumbre y nadie quiere sentir otros sabores, nadie quiere sentir algo dulce, salado o agridulce. A lo que la realidad está llamando neutralidad no es más que la historia repetida haciendo que la tristeza crezca. Si tan solo se repitiera lo bueno, mas no es así, solo se repite lo malo.
Cómo cuesta soltar lo que duele, como si eso lograra revivir los momentos felices previos a todo el dolor y la oscuridad. Lamentablemente no es así, nada resucita lo que sucedió y todo es un mísero recuerdo que con el pasar del tiempo se desvanece y se vuelve una imagen borrosa que en su momento nos hizo feliz.
No hay que enfocarse en lo que sucedió ni en lo que sucederá, sino en lo que sucede a lo largo del día, al pasar las horas y minutos, es lo que vale. El pasado no se puede revivir y el futuro es tan incierto y utópico, si se pudiera saber no tendría gracia. Ya no habría nuevas emociones por sentir ni nuevas experiencias para brindarle a la memoria.
Ya no quedaría nada y paulatinamente nos convertiríamos en esa nada monótona, mecánica, estúpida, y lo más triste de todo, sin nuevas emociones.
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