Dos mil catorce, un año con muchos altibajos, es raro como las cosas pueden cambiar en tan poco tiempo, ¿no? Un día tenes todo lo que crees necesario, y al siguiente, como por arte de magia desaparece y te preguntas: ¿qué pasó? ¿por qué de repente no tengo nada? ¿qué hice?
Pero no hay respuestas, nadie te responde y aunque trates, no podes encontrarlas por tu cuenta. Parece que todo está perdido, no a nivel material, pero sí a nivel emocional, habías creado una muralla perfectamente estructurada para todo, pero de repente esa muralla se cae, se desmorona y no sabes cómo seguir. Ya nadie está a tu lado, o tal vez si, simplemente no lo podes ver. Terminar con todas esas emociones que considerabas abandonadas o superadas, acabar con el dolor, eso queres, y te paras a ver como todo se desmorona. Sin poder arreglarlo.
Algo hiciste, algo hizo que llegues a ese punto de destrucción mental y pérdida de lo que creías importante.
Dos mil catorce, un año de pérdidas y ganancias. Un año en el cual las cosas cambiaron de repente, cosas inesperadas que te descolocan y te dejan dando vueltas en remolinos, y no podes parar. Nada te puede parar, todo te da vueltas, tu mundo de cabeza, no hay signos de esperanza para seguir. Y con todos los pronósticos en tu contra, te levantas, limpias las heridas que todavía te hacen llorar, y seguís, buscas una salida para esa tormenta dentro de vos, un signo de luz. Después de buscar y buscar, la encontras, te sentís afortunado, sino ¿cómo ibas a seguir? No queda otra, tu tiempo de catarsis terminó y ahora hay que buscar el nirvana, de eso se trata.
Levantarse, curar heridas, recapacitar y seguir siempre con el mismo objetivo si es que te lleva a la felicidad y tranquilidad, porque si no te hace feliz, ¿de qué sirve luchar? La felicidad es lo que se busca al final de todo camino, en conjunto con la paz mental. No hay nada mejor que ellos dos mezclados produciendo emociones inexplicables.
Encontrar tu lugar en el mundo y que te haga feliz, eso sería lo ideal para finalizar el año, encontrarlo y de ahí tirar hacia delante, sin mirar atrás. Sin importar las adversidades.
Dos mil catorce, un año en el cual se sigue buscando lo que te hace feliz.
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