Jamás pensé que las cosas cambiarían,
no hasta el día que te conocí.
Ese día fue el peor de todos, pero
luego todo cambió. Me tendiste la mano y me ayudaste a ver una pequeña luz,
aunque sólo por un rato porque yo ya estaba demasiado perdida como para que
alguien más viniera a salvarme. Si no lo lograba por mi cuenta, ya nadie podría
hacerlo.
El día que nos conocimos estaba
triste, perdida y sola -o así me sentía, ya no recuerdo-. Ese tarde, yo estaba
esperando mi turno en la sala de espera del psicólogo, vos esperabas que tu hermana
saliera, eso ya lo sabía, hacía varias semanas venía viendo que salías con ella
antes de que comenzara mi turno.
Hacían ya dos días que mi psiquiatra
me había declarado un caso perdido. Eso me devastó. Pero aquel día que te vi, por
alguna razón sentía todo diferente, la inseguridad estaba pero las ganas de
llevarme el mundo por delante aparecían después de un largo tiempo.
Cuando decidiste hablarme, sentí el
temblor de tu voz, como si quisieras decir algo muy importante, pero tus miedos
te lo impedían.
-Hola-dijiste.
Tu voz sonaba tan dulce como la
recordaba de las veces que hablabas con tu hermana.
-Hola-contesté.
Te miré, atónita, no sabía qué más
responder, estaba paralizada. Nunca pensé que ese momento llegaría, no porque te
viese inalcanzable, sino porque nunca creí que alguien como tú quisieras hablar
con alguien como yo: un alma rota y perdida, sin esperanzas de nada.
-¿Claudina es tu nombre?-
preguntaste.
Seguía nervioso, cada vez más, había
comenzado a temblar; bajó la cabeza, se sentó y empezó a escribir.
-Sí, le contesté, ¿cuál es el
tuyo?- evidentemente mentía, sabía que te
llamabas Uriel, y que tenías una hermana de mi edad.
-Tu nombre no es muy común,-dijiste,
agregando- el mío es Uriel, me presento, tengo 17-. Se mostraba algo más
confiado, se paró y extendió su mano como forma de saludo.
-Claudina, 15 años, un gusto- Te
dije como forma de presentación y tratando de ser amigable, te extendí mi mano
para devolverle el saludo.
En ese momento salió tu hermana y
detrás de ella, su psicóloga, mi psicóloga.
-¿Vamos Lourdes?- dijiste, luego me
miraste y sonreíste.
-Vamos, dijo ella-. Compartieron una
mirada cómplice-¿nos vemos la próxima semana, Genn?- le preguntó a la
psicóloga.
-Si, a la misma hora de siempre-. Le
contestó Genn.
Antes de que ambos se fueran, me
alcanzaste un papel agregando
-Toma-. Y se retiraron.
El papel decía: “Todos estamos locos sólo que algunos no queremos aceptarlo temor; me
alegra que tú si quieras afrontarlo.”
Entré a la habitación con Genn siguiendo
mis pasos. No hablamos del asunto pero compartimos una mirada cómplice.
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No lo volví a ver, sólo recibía
notas de su parte, las cuales se me eran entregadas por su hermana. Las iba
pegando en un cuaderno usando un orden cronológico, algunas decían:
-“El
pasado nos tortura con lo que sucedió, el presente con lo que sucede, y el
futuro con lo que sucederá.”
-“¿Qué
se debe hacer cuando quieres a alguien pero no sabes de que manera la quieres?”
-“Sólo
se que en el momento que te vi, ya te quería de una vida anterior, aunque no
crea en eso, por alguna razón desconocida se que te quiero pero tengo miedo a
equivocarme.”
Esa fue la última nota que recibí de
Uriel, si él no sabía qué hacer con su vida, entonces ¿qué me quedaba a mi?
Puede ser que en ese momento él haya estado pasando una crisis de identidad,
sinceramente, nunca lo supe.
Además de esa confusión, yo sufría -y
sufro- de tendencias suicidas, depresión y ansiedad social; sin contar el hecho
de que casi termino anoréxica luego de sufrir de todos los tipos de bullying
por mi peso durante más de un año. Todos esos abusos producidos por parte de
mis compañeros me dejaron grandes secuelas psicológicas, no podía vivir en mi
cuerpo -sí, me gané la lotería en enfermedades mentales.
El día que decidí informarle a mis padres
de lo que sufría, lloré y rogué para que me cambiaran de escuela. Mis
compañeros pidieron disculpas por lo que me habían causado, las acepté para no ser
descortés, aunque realmente todo lo que decían era falso y lo sabía. Era
evidente que no quería seguir viviendo en ese infierno, sabía que las cosas no
iban a mejorar, y si hubiera habido la mínima posibilidad, tampoco me hubiera
arriesgado.
Cuando mis padres finalmente me
cambiaron de escuela, decidieron llevarme a un psicólogo, yo acepté porque creí
que ayudaría, pero una vez más, me equivoqué. Genn me ayudó un tiempo, en un
principio, con las primeras sesiones, logró diagnosticarme depresión,
tendencias suicidas (había intentado fallidamente matarme) y ansiedad, todas
producidas por el tiempo en el cual sufrí de bullying.
Como consecuencia de esas causas fui
derivada a un psiquiatra, de por si me atemorizaba el psicólogo, el psiquiatra
fue peor. La idea de tener que estar medicada me parecía innecesaria y una
pérdida de tiempo.
Lo único que lograron con eso fue
gastar dinero, estoy perdida, no avanzo y mi final se aproxima, es por eso que
estoy escribiendo esto para poder despedirme, si es que hay alguna forma de
hacerlo sin que duela, o que alguien pueda entender porqué decidí este final.
La psicóloga y el psiquiatra me
ayudaron en mi camino a la perdición, se supone que ayudan, conmigo fue todo lo
contrario, fue para peor. No culpo a los profesionales, ellos hicieron su
trabajo, bien o mal, simplemente lo hicieron.
A pesar de todo eso, hoy llegó el
día, hoy termino con todo esto, ya no aguanto, todas esas personas que
aparecieron y si fueron, ya no están, tampoco ayudaron mucho, mas no importa.
Escribo esto para despedirme, de
Uriel, el chico que vi muchas veces, pero le hablé una sola, de su hermana, de
mis médicos y mis familiares, sobre todo quiero pedirle perdón a mis padres. Sé
que no es lo que esperaban para su hija, no tienen la culpa, esto está en mi
mente, ustedes hicieron lo imposible para salvarme, pero no lo lograron y me
siento mal por no se una buena hija, como la que merecían. Amigos, no tengo,
por lo cual no me despido de ellos.
Además, quiero pedir perdón a todo
aquel que en su momento me intentó ayudar y no lo logró, lo siento, soy una
fracasada, no sirvo para brindar o recibir ayuda, no estoy acostumbrada a ella.
Hoy la oscuridad se apoderó de mí y
no sé como seguir, hace tiempo que me venía buscando, atrapándome por partes,
consumiéndome lentamente, arruinando todo lo que intenté ser. Esto viene hace
años, y nadie pareció darse cuenta, miles de veces grité por ayuda y nadie oyó,
nadie quiso oír porque la verdad duele, ver a alguien mal duele, por eso es más
fácil ignorar.
Mi fin tiene fecha establecida y es
hoy, debo terminar con todo por no saber como seguir, soy el fracaso que nadie
quiere admitir, al que todos deciden ignorar.
Tengo miedo de todo, ya no puedo
continuar así, tengo todo listo, todos los requerimientos necesarios para
terminar y ya es demasiado tarde para arrepentimientos, ahora tienen a alguien
por quién derrochar lágrimas falsas.
No sé como terminar esto. La cabeza
me da vueltas, la vista se me nubla, siento que me estoy perdiendo.
Perdón.
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