Qué fácil es aferrarse a algo que creemos posible, algo que parece tan cercano y lejano a la vez. Nos aferramos a la idea de la posibilidad, ya que el arrepentimiento de no haberlo intentado sería enorme. Mas en esa fantasía de la pequeña oportunidad, perdemos la noción de lo que tenemos eso que está prácticamente servido a nuestros pies, aquello que es mil veces mejor, más puro. Aferrarse es fácil, sí, y dejarlo ir, cuando uno se da cuenta que no va para más, que no tiene pies ni cabeza, es muchísimo más fácil. El alma se da cuenta, la cabeza se da cuenta, el cuerpo se da cuenta, y uno decide, y enhorabuena decide lo mejor. Si tiene suerte.